El controvertido tema en el estudio del Jesús histórico al considerarlo como un profeta fracasado, tiene su máximo esplendor en la inminente llegada del reino de Dios, o mejor dicho, en su predicación fallida con respecto a la misma.

La iglesia posterior al siglo I ec. ha intentado paliar durante siglos dicho fracaso con excusas, al entender de muchos de los más grandes estudiosos del Jesús histórico, inverosímiles en muchas ocasiones.

Pero los Evangelios, escudriñados con rigor histórico, se nos presentan ciertamente incuestionables en este asunto.

Jesús no sabe con certeza la fecha exacta de la llegada o de la venida del Reino (Lc 17,20), solo sabe que está muy próximo, que es inminente su aparición (Mc 1,15). Si Jesús supiera la fecha exacta de la venida del Reino de Dios en la Tierra, estaría quitando protagonismo a Dios Padre, incluso anteponiendo su conocimiento al de Él (Mc 13,29)
El reino está muy cercano en el tiempo por lo que Jesús impone a sus discípulos el salir a predicarlo (Mt 10,14)
Algunos autores, la mayoría confesionales, han intentado excusar el fracaso predictivo de Jesús indicando que el reino está ya en los hombres, pero no parece una interpretación muy plausible porque, como indica el mismo Jesús, nadie sabe día y hora de la llegada del reino (Mc 13,32)
Quizá, sea más acertado decir que los indicios del reino están al alcance de los hombres, incluidos los fariseos, pero no «en ellos» (Lc 17,20) El reino vendrá en un futuro, eso sí, inmediato (Lc 17,21)
Por otro lado, se anuncia la venida del Reino con grandes catástrofes y con guerras (Mc 13, 24-25) por lo que, en vida de Jesús, no parece que pudiera estar ya en los hombres ni en los años inmediatamente posteriores a su muerte.

Otro asunto relacionado con el Reino de Dios es la posibilidad de que Jesús dudara en los últimos instantes de su vida de la propia llegada de tal reino, pues quizá esperase que el Padre intercediera por Él justo antes de morir (Mc 15, 34)
Nos hacemos entonces una pregunta acerca de la muerte de Jesús de Nazaret en función de las palabras que el autor del Evangelio de Marcos ha puesto en la boca de aquel: ¿A la vista de la no llegada del Reino, pudo considerar el Nazareno que su muerte no era un sacrificio «vicario», es decir un sacrificio para «salvar»a los demás?
Es muy probable, por lo que leemos en las escrituras que no lo creyera así, al menos no hasta un instante justo antes de su expiración. Para muchos estudiosos, es Pablo y sobre todo los seguidores de éste, quienes ante la no llegada del reino, tienen que justificarlo de tal manera. El propio San Pablo piensa que el Reino está «al caer» (1Tes 4,13-17)

PARA SABER MÁS:
– E P Sanders (2004) Jesús y el judaísmo. Ed. Trotta.
– Antonio Piñero (2021) Los libros del Nuevo Testamento. Ed. Trotta.
– Burt D. Ehrman (2016) Jesús antes de los evangelios. Ed. HarperONe.
– Johannes Weiss (2015) Chist, the Beginning of Dogma. Ed. Bibliolife.
– Bermejo Rubio (2018) La invención de Jesús de Nazaret. Ed. Siglo XXI.