Dentro de unos días celebramos, (de hecho ya estamos realizando algunas actividades) las fiestas del Renacimiento tanto en Úbeda como en Baeza.

En el año 2003 ambas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad, un reconocimiento a nuestra historia y a nuestra cultura. Una cultura y unas raíces que configuran una de las épocas más gloriosas y plenas en ambas ciudades.

En los dos últimos años estoy viendo que estas fiestas se toman cada vez más en serio. Este año sobre todo he visto como hay un trabajo concienzudo de poder implicar a todos en la organización y desarrollo de estas fiestas. Conferencias, recreaciones, que haya exposiciones, visitas, etc hacen más ameno y despiertan el interés de los ciudadanos y de aquellos que nos visitan. Es un acierto que haya habido actividades para los niños, y que los centros educativos durante todo el año hayan participado  para acercar el patrimonio a los chavales.

Sin embargo muchos ubetenses no conocen  la importancia de Úbeda en el Renacimiento, y no conviene tampoco, dejadla en el tópico de unas fiestas o de un hecho aislado en concreto, como tener que recordar la entrada de Carlos V  a la ciudad para jurar sobre sus fueros y privilegios.

UN POCO DE HISTORIA

Úbeda en el siglo XV era algo más. Y diremos que ya era todo en el siglo XI .

Fundada por los musulmanes en tiempos del emir Abd al-Rahman II (822-852) y terminada durante el reinado de Muhammad I por el gobernador de la cora de  Jaén Hashim ibn Abd al-Aziz. Recibió el nombre de Madinat Ubbadat al-Arab por su rango de ciudad y la estirpe de sus pobladores, árabes de la plena confianza de la aristocracia gobernante. Su fundación representaba así una medida política que contrarrestaba el peso de la sediciosa población mozárabe de Baeza. Desde su origen, Úbeda se señala como una de las ciudades de mayor relieve del Alto Guadalquivir, que en el siglo XI es objeto de disputa entre los reinos de taifas de Almería, Granada, Toledo y Sevilla, hasta su conquista por los almorávides en 1091. De nuevo salta a la palestra en el siglo siguiente, al ser atacada en 1137 y, de nuevo, en 1147 por Alfonso VII. El reyezuelo Ibn Hamushk la controla después hasta 1169, cuando se somete al poder almohade. A finales del siglo XII e inicios del XIII sufre el asalto de Alfonso VIII, y en 1212, tras la batalla de las Navas de Tolosa, sucumbe ante los cruzados, aunque la abandonan al poco tiempo.

Ya en 1193 Alfonso VIII entra en Úbeda, saquean la ciudad, los moros son cautivos y toman sus riquezas.

Fernando III El Santo sitia la ciudad el 6 de Enero de 1233 y tomada en julio de ese mismo año. La conquista se produce porque la ciudad es sitiada muriendo sus habitantes de sed y agua, con escasos víveres y sucumben la rey cristiano. A la ciudad se refugian todos los moros de la comarca, incluso de la vecina Baeza para dar batalla frente al rey cristiano. Pero en Julio se rinden y entregan las llaves de la ciudad al rey Santo. Se delimitan las jurisprudencias de ambos municipios para evitar enfrentamientos. Ambas ciudades se adscriben al reino de Castilla y la Orden de Calatrava ejercería el señorío dentro de todo Jaén…

Al fin, la toma de Baeza en 1226 por Fernando III la deja aislada como la última gran ciudad musulmana del Alto Guadalquivir. En 1233, al cabo de seis meses de asedio, el monarca cristiano obtiene su capitulación. Se cierra entonces el brillante período de esta medina musulmana, famosa por las manufacturas de sus artesanos, por la habilidad de sus caballeros en el manejo de la espada y por la pasión de sus habitantes por la música y la danza.

En su etapa bajomedieval Úbeda se militariza y sirve de ciudad-base en la lucha fronteriza. Las rivalidades de los bandos locales –Traperas contra Arandas primero, luego Cuevas contra Molinas– tiñen de sangre su historia hasta las postrimerías del siglo XV. Con la paz impuesta por los Reyes Católicos, que ordenan demoler la alcazaba en 1507, se abre el siglo dorado de Úbeda. Los mejores ecos del renacimiento resuenan en su calles silenciosas, arquitectos de genio desparraman su talento en los principales edificios, dejando en su trama urbana un sello único.

EL EXPLENDOR EN EL RENACIMIENTO

A este rey se debió el auge -político, jurídico, militar, cultural, económico- de los territorios hispánicos en el siglo XIII. Su compromiso con su tiempo y con la institución real no sólo no fue un obstáculo para su santidad, sino el medio para alcanzarla. Guiado por un alto ideal, guerrero en aras de la Reconquista, capitán en vanguardia, promovió paradójicamente  la unidad y la paz. Huellas de sus victorias fueron las catedrales de Burgos, Toledo, León, Osuna y Palencia. El Fernando III, artífice decisivo de la historia de España, recobró para la cristiandad la mezquita de Córdoba, levantada sobre una antigua basílica visigoda, además de jalonar de iglesias la ciudad, construcciones conocidas como iglesias fernandinas. Caballero de Cristo, siervo de Santa María y alférez de Santiago, Fernando III se mostraba reacio a que se le rindieran a él honores por el triunfo; daba gloria en cambio con las iglesias que mandaba construir a aquel a quien servía en su tarea de rey.

Crea la Universidad de Salamanca, dotándola de los profesores más doctos de dentro y de fuera de la Península; lleva a cabo la gran obra de unificar la legislación, mandando traducir el Fuero Juzgo y fundando el Consejo de doce varones para que le asesoren en la gran empresa; trata por todos los procedimientos de suavizar las leyes penales hasta entonces vigentes; presta su protección decidida a arquitectos, escultores y artistas, a médicos, astrónomos, jurisconsultos e historiadores; declara lengua oficial el habla noble y grave de Castilla; en medio de los afanes múltiples de las guerras presta un impulso poderoso a la agricultura y al comercio, y en la retaguardia de la paz se van levantando las maravillas catedralicias de Burgos, Toledo, León, Osuna y Palencia.

Este cúmulo de factores y su situación geográfica, vías de comunicación, su extensa y rica jurisdicción, gran alfoz y presencia de una nobleza cada vez más poderosa— sentó las bases a lo largo de los siglos XIV y XV del esplendor de la Úbeda del siglo XVI. Al finalizar la conquista de Granada, asistimos a un desarrollo económico de la ciudad basado en la agricultura y en una importante ganadería caballar y mesta propia, que fundamenta el periodo de mayor esplendor de la ciudad, siendo muy importante la roturación de bosques y puesta en valor de nuevas tierras. La paz y el desarrollo económico lleva consigo un aumento demográfico, alcanzando la ciudad una población de 18 000 habitantes, siendo una de las más populosas de toda España. Comenzando con Ruy López Dávalos, Condestable de Castilla con Enrique III y Beltrán de la Cueva, valido de Enrique IV, sus nobles encuentran acomodo en altos cargos de la administración imperial.

Tras la nobleza ubetense, y las órdenes de caballería, el siguiente gran estamento privilegiado es el clero. La diócesis de Jaén es enormemente rica, su mitra, posiblemente, fuera una de las más ricas de España, y el clero ubetense tenía altos cargos en ella. También hallamos un colectivo de vecinos que han prosperado —judíos o muladíes mayormente— y que genéricamente hubieran sido el germen de una incipiente burguesía. Se trata de profesionales, tales como médicos, sastres, escribanos, boticarios y, naturalmente, un estimable número de mercaderes ricos. Más abajo, existía todo un variado repertorio gremial propio de un núcleo de población rico y expansivo, mención especial al gremio de los pastores y ganaderos. El ejército y la milicia cerraban este grueso estamento. El tercer estamento era un número basto de labriegos de las tierras de los nobles y pequeños campesinos.

Especialmente destacable es el papel de Francisco de los Cobos, secretario del Emperador Carlos I. Con él entra el gusto por el arte en Úbeda, y como si fuera una pequeña corte italiana, de manos del arquitecto Andrés de Vandelvira y sus seguidores, Úbeda se llena de palacios. Su sobrino, Juan Vázquez de Molina, secretario de Estado de Carlos I, y de su hijo, Felipe II, continúa lo iniciado. En toda Úbeda arraigan fuerte las corrientes humanistas del Primer Renacimiento.

En 1526 el Emperador Carlos visita la ciudad y jura guardar los privilegios, fueros y mercedes concedidas a Úbeda.

DECADENCIA DEL RENACIMIENTO SIGLO XVI Y XVII

Durante la segunda mitad del siglo XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.

La Decadencia española fue el proceso paulatino de agotamiento y desgaste sufrido por la Monarquía Hispánica a lo largo del siglo XVII, durante los reinados de los denominados Austrias menores (los últimos reyes de la Casa de Austria. Felipe III, Felipe IV y Carlos II); proceso histórico simultáneo a la denominada crisis general del siglo XVII, pero que fue especialmente grave para España, hasta tal punto que la hizo pasar de ser la potencia hegemónica de Europa y la mayor economía del mundo en el siglo XVII a convertirse en un país empobrecido y semiperiférico.

Los siglos XVII y XVIII son de decadencia para la ciudad, inmersa en la crisis general de España, que ve cómo su pasado esplendor se apaga. La falta de una política proteccionista para la artesanía, las importaciones de la lana de Burgos, la subida de los precios por las malas cosechas, la injusta presión fiscal para las guerras, la corrupción, el poder del Clero, el proceso inflacionista por abundancia de metales, las continuas levas militares, las epidemias, y la emigración a Indias son algunos de los factores que contribuyeron a esa merma. Úbeda perdió hasta el control del tráfico de madera de los robles y pinos del Segura, en favor de comerciantes sevillanos. Todo ello va descapitalizando a la ciudad, agudizando las diferencias sociales e incrementando la miseria de la mayoría. Algunas fechas de los desastres que asolaron la ciudad en esta etapa fueron las pestes de 1585 y 1681 y el terremoto de Lisboa de 1755, que quebranta bastantes casas de la ciudad. Para rematar, la persecución de los cristianos nuevos y la expulsión de los moriscos en 1609 va a ser seriamente lamentado por el Concejo, por el impacto económico al perder su más valioso tejido económico.

La cruda decadencia se hace manifiesta a partir de 1700 con la larga Guerra de Sucesión. Los vecinos de Úbeda vivirán la Guerra de Sucesión con intensidad creciente. Sus aportaciones en caballos, armas, municiones, dinero o tropas son continuas, resultando difícil en ocasiones comprender de dónde provienen tales fuerzas en un pueblo debilitado por el hambre y la enfermedad. Tal fue la presión impositiva y la injusticia al quedar exentas las clases poderosas, que la población hambrienta se amotinó el 19 de marzo de 1706, contra los cobradores de las rentas reales. Como consecuencia de la guerra, Úbeda se empobreció en extremo y aumentó la conflictividad a límites desconocidos. El concejo tuvo que vender sus mejores fincas de propios para afrontar urgentes pagos de milicias. Sin duda hubo recesión demográfica, al coincidir la guerra con crisis de hambre y enfermedades generalizadas. En estos años, muchas villas de su territorio se independizan. Se puede concluir, que Úbeda sufre uno de los peores momentos de su historia, solo tocando fondo hacia 1735. Pero el mal en Úbeda y otros lugares estaba hecho, y era difícil dar marcha atrás al reloj de la Historia.

VINCULACIÓN CON LA LITERATURA

Úbeda tiene una especial vinculación con la literatura en el Renacimiento no podemos olvidar que en Úbeda se produce la muerte de uno de los poetas universales de todos los tiempos, San Juan de la Cruz (1542-1591) ;  poeta insigne de la literatura mística y ascética en el siglo XVI., cuya muerte y posterior robo fue uno de los hechos que convulsionaron  la historia de España; hecho que fue recogido también en el Quijote de Miguel de Cervantes (1547-1616) en la primera parte de El Quijote, en su capítulo 19 cuando se produce el encuentro con un cuerpo que yacía muerto camino de Segovia.

Otro nombre insigne de la literatura medieval es Jorge Manrique  (1440?-1478), que aunque no está al cien por cien demostrado, se cree que nació en Segura de la Sierra autor de las célebres “Coplas a la Muerte de Su Padre”.

Baeza también ve su vinculación con  San Juan de Ávila (1500-1569) otro gran representante de la literatura mística.

En definitiva acercaros a esta tierra hay grandes razones para conocerla, vivirla y disfrutarla.