Las creencias de quienes mataron a Jesús eran y siguen siendo incompatibles con su mensaje evangélico, con su vida y testimonio humano.
La violencia es muchas veces, una consecuencia provocada por la política y la economía y es también consecuencia de la “religión”. De todas la religiones. Entre ellas, hay algunas que predican que para salvarse, no hacen falta las buenas obras, sólo la fe, porque si tienes mucha fe, si crees mucho, es como si te pusieses muchas mantas encima para protegerte del golpe que te asestan.
Por tanto, ¿cómo entender el “peca fuertemente, pero cree más fuertemente”, según decía Lutero? La mayor desgracia que le ha ocurrido al cristianismo, ha sido fundir y confundir la “religión” con el Evangelio. Religión y religiones, que han provocado y siguen provocando, el miedo a las llamas eternas del infierno, inutilizándonos para amar a los demás. Y aquí somos nosotros, quienes provocamos ese infierno con nuestro desapego y odio hacia los demás.
La historia nos enseña, con abundancia de datos y argumentos, que la relación entre las religiones y la violencia, ha sido más frecuente y más determinante de lo que mucha gente sospecha o se imagina. Además, es importante saber cómo se sitúa el Evangelio ante este enorme problema. Sobre todo, en este momento, con motivo de la guerra entre Rusia y Ucrania. ¿Qué tiene que ver la religión con la situación tan dramática que se nos ha presentado?
¿Cómo es posible que el Patriarca de Moscú, Kirill, inste al pueblo ruso a apoyar el genocidio de Putin?
Es un hecho que determinadas formas de expresar la religión y determinadas formas de política han estado siempre, para bien o para mal, en mutua relación. Porque ambas (lo digan o no lo digan) se necesitan mutuamente. Por otra parte, sin conocerla, es necesario incidir a fondo en la historia religiosa de Rusia y Ucrania. Por eso, me parece más pertinente indicar, no lo que nos divide, nos separa y nos aleja, sino lo que nos tendría que unir.
Lo más grave ha sido que, en la Iglesia, la “religión” está más presente que el Evangelio, tal como repite José María Castillo. Y en la Iglesia es más determinante la “religión” que el Evangelio. Por eso, para mucha gente religiosa, el Evangelio no es más que una lectura que se hace en la misa. Una misa, considerada como el acto más importante de la “religión”. Al menos en la Católica.
Quienes piensan así, no han caído en la cuenta de que fue la “religión” la que se enfrentó a Jesús y el Evangelio. Como también hay que decir que fue la “religión” la que mató a Jesús. Porque la “religión” y Evangelio son incompatibles. Y experiencias contrastadas, tenemos muchas a lo largo de la historia, en todas las creencias.
La razón de fondo de lo que acabo de decir, está en que el centro de la vida que enseña la “religión”, es el “yo” (mi fe, mi observancia, mi salvación). Pero esa razón de fondo, que brota del Evangelio, está en los “demás” (los asesinados, los enfermos, los pobres, los mayores, los niños…).
Dicho más claramente, la “religión” produce un ser humano “fijado en el propio yo” (E. Drewermann), mientras que el Evangelio forma un ser humano “fijado en los demás”, en la paz y el bien de los demás. De ahí que el “mandamiento nuevo”, que Jesús les dio a sus seguidores fue éste: “Que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 34-35). En el amor a los demás está el amor a Dios. Por eso, en el momento definitivo, lo que Dios, nuestra conciencia, nos va a decir es esto: “lo que hicisteis con uno de éstos, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).
Dios que, en su trascendencia, no está a nuestro alcance, “se despojó de sí mismo y se hizo como uno de tantos” (Filip. 2, 7). Es lo que llamamos la “encarnación». Es decir, la “humanización” de Dios, que se realizó en Jesús de Nazaret.
El hombre ejemplar, que tenemos en este momento trágico, es el papa Francisco. Porque su humanidad es ejemplar. Y con eso nos está diciendo que ante la guerra y la violencia hay una sola decisión: tomar en serio y vivir el Evangelio hasta donde nos sea posible, que nos centra en la paz y la bondad de todos y con todos.
«Señor, detén la mano de Caín. Ten lástima del mundo»
Los poderosos no tienen misericordia ni con la gente, ni con las naciones, ni con la tierra. Así ocurrió con Jesús. Necesitamos la fuerza de nuestras raíces para un mañana nuevo. Las raíces de un Humanismo que pone al ser humano en el centro; y que se esfuerza en construir un mundo justo y abierto, al tiempo que cuida de la naturaleza
Señor, siembra de resurrección nuestras muertes diarias. Señor, ten lástima de la humanidad. Señor, sana nuestras heridas.

 

Fuentes:

José María Castillo. Sacerdote S.J (Doctor en Teología).
Leandro Sequeiros (Sacerdote S.J. Teólogo, antropólogo, geólogo, paleontólogo).
Religión Digital. Fe Adulta.